Te diré lo que aprendí en Sudáfrica

Sandrine Pierrat/ enero 24, 2018

Sabía que este viaje me daría algo que guardaría para siempre en mi corazón, con gran respeto e incluso un poco de celos. Lo sabía porque era algo que buscaba desde hace mucho tiempo, porque cuando tomas una decisión así es porque tienes una necesidad. Así comienza el mensaje de Rebeca, estudiante que viajo en 2014, pasó un semestre en Sudáfrica.

Ahora que ha pasado un tiempo desde ese viaje, creo que realmente sé lo que tengo en mi corazón y lo que me han enseñado de África cuenta la inmensa naturaleza que tienes antes y a tu alrededor para ti, las sonrisas y la pureza de las personas y los niños en particular. Aprendí a sentirme pequeño ante la inmensa maravilla de la naturaleza, las ballenas saltando fuera del agua al atardecer, las calles llenas de babuinos, pingüinos, focas, Cabo de Buena Esperanza donde el Atlántico y el indio se casan, frente a una franja de roca empinada. He aprendido a amar profundamente los silencios, te impregnan y te adentras en los pensamientos, pero te haces abrazar y saborear ese momento de soledad pura que a veces nos falta aquí. Aprendí que si al menos una vez al día te emocionas,Aprendí a sonreír, como nunca antes lo había hecho, pero también a respirar profundamente. Aprendí que la libertad es una privilegio de todos y que no importa el color de la piel. Nacemos y somos libres, para ser lo que somos. Aprendí a adaptarme a las realidades que inicialmente me atemorizaron, pero luego me convertí en HOGAR, y me falta mucho.

Me di cuenta de que siempre tendré un lugar adonde ir y una segunda familia en la que confiar, de la cual siento la presencia cerca de mí todos los días. Aprendí a levantarme y superar la adversidad sin muchos reparos y asumir la responsabilidad de mis acciones. Aprendí el verdadero significado de las palabras TEN CUIDADO que es equivalente a un “Te amo”, quiero que te quedes conmigo para siempre. Amaba y amaba a mi familia anfitriona, que me recibió en la casa como una hermana y una hija.

Y, sobre todo, aprendí que no es un viaje en África lo que cambia nuestra vida, porque un viaje no es suficiente para conocerse a uno mismo, ni siquiera 2, 3, 4 o 5. A veces una vida no es suficiente, y mucho menos seis meses. Pero un viaje como este te sacude desde dentro, nos hace ver las cosas desde otra perspectiva que probablemente ni siquiera consideramos.

No puedo decir que entendí cuál sería mi camino, porque incluso ahora no lo sé. África me puso a prueba y me dio lecciones e ideas, que llevaré conmigo para siempre todos los días, a cada minuto … me hizo darme cuenta de que a veces hay que dejar ir y abrazar lo que vendrá, sin guardar todo bajo control, esa libertad existe y es tangible y debemos vivir plenamente cada segundo que se nos da.

Asante sana rafiki África.